Historias del Ascensor (XI) | Calle Alcalá

Mucho ha llovido desde el primer prototipo de ascensor del que hay registro en los libros de historia; el que hizo Arquímedes en la antigua Grecia, un sistema de elevador vertical, como él lo definió, que luego se cogió como referencia para construir elevadores que movían objetos, agua o materiales de construcción en la Roma clásica. Hasta aquí, es una historia más o menos conocida; pero, ¿cuál fue el primer ascensor para personas en España?

Todo empezó en la calle Alcalá número 5, Madrid

Era la Navidad del año 1877, 15 de diciembre. Tras la aparición de los primeros ascensores en Estados Unidos, la calle Alcalá de Madrid, en pleno centro de la capital, se preparaba para la instalación del primer ascensor en territorio nacional. Hubo tres ingenieros implicados n(Merly, Serra y Sevilla, según consta en el contrato firmado por los técnicos), con el propietario del edificio, Valentín Morales, encargado de todo. El objetivo de este ascensor era el de transportar personas, por fin, más allá de objetos y otros elementos, y tomaba como referencia los prototipos de la estadounidense Elisha Grave Otis. 

El prototipo de Otis se había diseñado veinte años atrás en Nueva York. Estaba enfocado al transporte de personas y eso se notaba en todos sus elementos: contaba con freno como medida de seguridad y tenía un diseño y dimensiones adecuadas para que la comodidad de aquellos que viajaran en él fuera óptima. ¿Su aforo y velocidad? Seis personas a 10 metros por minuto. No era mucho, pero para entonces fue un avance espectacular en todos los sentidos.

 

 

 

 

 

 

 

El ascensor que nos ocupa, el de la Calle Alcalá, tenía como objetivo dar servicio a cuatro pisos de la misma casa. En la documentación de la instalación, la cual posee el grupo español Zardoya Otis, se realizan una serie de advertencias y se desvelan los -curiosos- costes:  “El aparato deberá estar completamente montado y listo dentro de los tres meses a contar desde la fecha del presente contrato, o sea, el 15 de marzo del año próximo. En caso de no hacerlo así, se deberá abonar al señor Morales la cantidad de 50 pesetas por día de retraso”. Las instalación y suministro del aparato, tal y como reseña este reportaje de El Mundo, alcanzó un coste de “2.500 duros”

Después de esto, hasta el año 1903 en España no se continuó con el uso e instalación de ascensores, abocados, en aquel momento y por lo general, al uso en edificios oficiales o de lujo. En el Palacio Real de la capital se instalaron tres, por ejemplo; después de esto, Valencia o Alicante comenzarían a instalar los suyos, igualmente, en edificios de la misma índole. Pero, si tenemos que citar una ciudad importante en la democratización del uso del ascensor, esa es Sevilla: fue una de las primeras en instalar, por defecto, ascensores en los nuevos bloques de viviendas. 

 

 

 

 

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