Somos Vilber (VI) | Paqui y Andrés: «Es mejor tener una silla salvaescaleras y no necesitarla, que necesitarla y no tenerla»

Viajamos hasta La Cañada, una pedanía de la bella ciudad de Almería donde residen Paqui y Andrés. Este matrimonio almeriense nos recibe con hospitalidad y alegría en su casa, una vivienda de varias plantas que se comunican por escaleras. Hemos querido conocer de primera mano su experiencia después de conocer a Vilber ¿Y por qué localizaron nuestra empresa especialista en accesibilidad? Porque la vida les puso un reto. Paqui sufrió un accidente que fracturó gravemente una de sus piernas. La primera consecuencia de esto fue que Paqui, prácticamente de un día para otro, perdió la libertad de moverse por su propio hogar. Una fractura similar a la de nuestra amiga almeriense puede tardar varias semanas en sanar, pero, en el caso de Paqui, la recuperación parecía alargarse.

“Lo que me pasó fue una caída en donde me fracturé el pie y, lo que podía haber sido un proceso de curación de un par de meses, se empezó a alargar. Tuve otra caída en casa y veía que la recuperación se retrasaba», cuenta la propia Paqui. Ella recuerda cómo Andrés tenía que subir y bajar innumerables veces para traerle todo lo que necesitaba porque, tras el accidente, Paqui tuvo que quedarse a hacer vida en la planta de arriba. Las escaleras que llevaban a la planta de abajo se convirtieron en una montaña intransitable para Paqui y solo intentaba bajarlas en casos concretos y de necesidad.

«Cuando tenía que bajar era muy duro. Cuanto tenía que ir al médico, cogí pánico a que llegara ese momento. Como me caí más de una vez, tenía miedo a volver a hacerme daño», narra Paqui asegurando que ha llegado a bajar a rastras las escaleras haciéndose más daño del que ya sufría por la propia fractura. El marido también cuenta que, en una ocasión, cuando había que bajar a Paqui para acudir a una consulta médica, llegaron a intentar bajarla en una silla de ruedas hasta cuatro personas, pero fue imposible hacerlo con seguridad. Después de todos estos acontecimientos, y de haber llegado hasta a improvisar una cocina en el dormitorio de Paqui, tomaron una decisión que cambió el rumbo de esta historia.

Clientes de Vilber

«La silla salvaescaleras no es algo solo para las personas mayores»

Como las escaleras se habían convertido en una fuerte limitación para la vida de Paqui, el matrimonio almeriense comenzó a buscar soluciones, dando así con la posibilidad de instalar un sistema de accesibilidad que ayudara a Paqui a subir y bajar sin esfuerzo. Internet le abrió las puertas de un mundo de alternativas y se decidieron por Vilber. Ellos mismos pudieron echar un vistazo a todos sus productos y solicitaron información sobre la instalación de una silla salvaescaleras. Poco más tarde, cuando obtuvieron respuesta, nuestro equipo se desplazó hasta el domicilio para estudiar el espacio.

El encargo de gestionar todo fue nuestro compañero Gaspar, que forma parte de la delegación de Almería. Él mismo pudo orientar a Paqui y a Andrés sobre la solución más adecuada, que resultó ser, tal y como los dueños de la casa plantearon, una silla salvaescaleras. La instalación se llevó a cabo con éxito, devolviendo a Paqui la libertad que tanto necesitaba. “La silla salvaescaleras no es solo algo para personas mayores. Cuando llegas a cierta edad creemos que es algo que hay que instalar sí o sí, pero puede ser una gran ayuda antes, cuando se sufre algo que provoca limitaciones de movilidad”, dice Paqui.

Andrés lo corrobora: «Estamos muy contentos, ojalá la hubiésemos instalado antes. Lo pensamos mucho hace tiempo, por eso del futuro y del estado de nuestras articulaciones, y pensábamos que nuestros amigos iban a reírse de nosotros y decirnos que estábamos viejos. Creíamos que nos iban a juzgar, pero no hay que pensar eso, hay que ponerlo cuando se necesite”. Nuestros protagonistas reiteran que en su pensamiento de cara al futuro siempre ha estado el instalar algún sistema que les ayudase a subir las escaleras de su casa cuando fueran mayores: «No parábamos de pensar que esto de las escaleras con el paso del tiempo iba a estar difícil». El destino les llevó a adelantar todo esto, pero lo tienen claro. “Tenemos la tranquilidad de saber que tenemos la silla, para lo que pueda pasar. Y no hay que esperar a hacerse muy mayor, hay que ponerla si se necesita”.

«Cuando tienes un accidente así, te vienes abajo»

El accidente afectó a Paqui con limitaciones de movilidad, pero también tomó partida en su estado de ánimo. Ella relata que tras sufrir el accidente el dolor iba más allá de una pierna fracturada. Se sentía triste y deprimida, como si fuera una carga para su marido Andrés, del que dependía continuamente hasta para traerle un vaso de agua de la cocina. “Cuando tienes un accidente así, además de la falta de movilidad, sientes que te vienes abajo. La cabeza es muy importante y cuando no te puedes mover no paras de darle vuelta a todo. Esto afecta mucho a tu ánimo, es muy deprimente”, cuenta Paqui, que asegura que se llegó a sentir «encarcelada»: «No poderte mover dentro de tu propia casa, te afecta mucho».

Andrés añade que, hasta que no te topas con una situación tan limitante, no se suelen ver los problemas. Por eso, muchas personas no tienen en cuenta que las escaleras pueden convertirse en un calvario. «Subir las escaleras puede parecer una cosa pequeña, pero cuando no estás bien para subirlas, es cuando te planteas lo importante que es moverte dentro de tu propia casa”. En este punto, haciendo hincapié en que no hay que esperar a que lleguen este tipo de situaciones límite para pasar a la acción, Paqui y Andrés recuerdan un accidente que tuvo su hija en el pasado, porque la silla les habría facilitado mucho las cosas. «Teníamos que subir a mi hija y bajarla para todo. Ahora, cuando miramos atrás y decimos que ojalá hubiéramos instalado antes la silla salvaescaleras, porque nos habría ayudado mucho ya en ese momento”, señalan.

«Tener la silla salvaescaleras es una tranquilidad muy grande, sé que la tengo para cuando la necesite»

En el momento en el que Paqui nos recibe en su casa, su recuperación ya se encuentra más avanzada. Ahora puede caminar ayudada de una muleta y se anima a subir las escaleras. Pero sabe que tiene allí la silla salvaescaleras lista para cuando la necesite y esto es para ella una gran tranquilidad. Incluso ha encontrado en la propia silla una aliada en algunas tareas del hogar o en el momento de entretener a sus nietas pequeñas. «Le he encontrado utilidad hasta para subir y bajar el cesto de la ropa o algo de peso. A mis nietas, que tienen dos años, les encanta. Ellas la llaman cariñosamente ‘el caballito’ y a veces se quieren montar. Nosotros le hemos explicado que la silla no es un juguete, es un elemento muy importante que ha ayudado mucho a su abuela”.

Y es que para esta pareja la instalación de elementos de accesibilidad en el hogar debe verse «como algo natural»: «Nosotros lo vemos como una inversión en nuestra propia casa. Si vives en una casa con escaleras, cuando seas mayor la vas a necesitar por muy bien que te encuentres”. En su caso, insisten en que su uso no es ningún problema, se han acostumbrado a utilizarla rápidamente y les parece que usarla sería fácil para personas de todas las edades.

Nos despedimos de Paqui y Antonio con una última pregunta: ¿Qué le dirías a una persona que está pensando realizar una instalación como la vuestra?: “A las personas que están pensando si la silla salvaescaleras puede ser útil en sus casas, les diría que piensen en el tema psicológico, en lo que afecta no poder moverte dentro de tu propia casa. No sabes lo que una silla salvaescaleras te puede solucionar hasta que no la tienes. La silla no es un estorbo, es una inversión».

¡Muchísimas gracias por abrirnos las puertas de vuestra casa, Paqui y Andrés! Y por elegirnos para mejorar vuestra vida y hacer que esta historia tenga un final feliz.